El Valle de los Reyes no es un lugar que se visite “sin plan”. En una primera visita, la mayoría del tiempo se pierde por pequeños malentendidos: cuántas tumbas cubre realmente la entrada estándar, qué accesos exigen una compra aparte y lo rápido que las multitudes estrechan los pasillos interiores. En 2026, lo esencial es sencillo, pero los detalles importan. Este artículo se centra en decisiones prácticas que puedes tomar antes de llegar, para dedicar tu tiempo a observar, no a hacer cola.
En 2026, el modelo de visita del Valle de los Reyes se basa en accesos limitados, no en una entrada ilimitada. La entrada principal suele funcionar como un paquete que permite visitar un número concreto de tumbas abiertas del listado general de ese día. Por eso “verlo todo” no es realista en una sola visita, y conviene definir prioridades desde el principio.
Algunas de las tumbas más solicitadas se cobran habitualmente como suplementos. Los nombres que con más frecuencia quedan fuera del paquete estándar son Tutankamón (KV62), Ramsés V y VI (KV9) y Seti I (KV17). Cuando se muestran precios, normalmente se indican en libras egipcias (EGP), y las tarifas para visitantes extranjeros suelen ser más altas que las de residentes egipcios.
Como las políticas y los precios pueden cambiar, conviene tratar cualquier cifra que veas en internet como una referencia, no como una promesa. El mejor hábito en 2026 es confirmar el listado vigente y los suplementos el mismo día, ya sea mediante páginas oficiales de venta electrónica (cuando estén disponibles) o con la información del propio punto de venta. Ese chequeo evita la decepción más común: llegar convencido de que una tumba está incluida y descubrir que requiere un billete extra.
Si ya sabes que quieres una tumba con suplemento, ayuda decidirlo antes de entrar al valle en lugar de debatirlo bajo el sol. La razón es simple: el diseño del lugar invita a caminar de un lado a otro y, cuando cambias de idea a mitad de la visita, acabas cruzando de nuevo zonas abiertas justo cuando las aglomeraciones están en su punto más alto.
Para muchas personas, la opción de suplemento más “lógica” es KV9 (Ramsés V y VI), porque el programa decorativo es amplio y muy agradecido visualmente. KV62 (Tutankamón) es icónica por su historia, pero es pequeña; su valor es más emocional e histórico que puramente estético. KV17 (Seti I) suele tratarse como un acceso premium; si la eliges, conviene organizar el día alrededor de ella y reservar tiempo para verla con calma.
Por último, planifica tu ritmo según la regla de entradas, en lugar de pelearte con ella. Si el billete estándar cubre un número limitado de tumbas, elige con intención: una tumba popular, otra que aporte un diseño o una atmósfera distinta y una tercera que suela estar más tranquila. Esa combinación ofrece contraste y reduce la sensación de que todo fue una cola dentro de un pasillo estrecho.
El enfoque más útil no es “las tres tumbas más famosas”, sino “las tres que te dan variedad”. En la práctica, variedad significa diseño, estado de conservación y comodidad para mirar. Algunas impresionan por corredores largos y una secuencia narrativa clara; otras, por techos y colores aún nítidos; y otras, porque hay menos gente y puedes detenerte a observar detalles.
Ese día, usa la lista de tumbas abiertas como tu menú. Busca una tumba en la que el recorrido de corredores se entienda bien, otra con techos llamativos y color fuerte, y una tercera algo más alejada o con una bajada más exigente, porque suelen tener menos visitantes dentro. Al diversificar así, evitas el problema de vivir “tres experiencias iguales” que hace que el valle se convierta en una sola imagen borrosa.
También cuenta la energía y la movilidad. Bajar y subir varias veces se nota, especialmente en meses cálidos, cuando el sol cae directo sobre el valle. Si viajas con alguien a quien le cuesten las rampas o escaleras, deja al menos una elección relativamente fácil para que el ritmo del grupo sea cómodo y el final no se convierta en una carrera.
Mucha gente trata las tumbas como un sprint hacia la cámara funeraria y una salida rápida. Un método mejor es frenar en el primer corredor y buscar patrones: cómo se repiten figuras, cómo se organizan los textos y cómo se usa el color para separar escenas. Incluso sin conocimientos profundos, se percibe que las paredes no son decoración al azar; son programas estructurados con una lógica constante.
Fíjate en los techos, no solo en las paredes. En varias tumbas, los techos muestran temas astronómicos o simbólicos que siguen siendo muy visibles aunque algunas paredes estén gastadas. Además, suelen quedar menos bloqueados por la multitud, porque la gente mira hacia delante; una mirada al techo puede ser tu momento tranquilo incluso en un espacio concurrido.
Por último, observa la sensación de espacio. Algunas tumbas son estrechas y el exceso de gente cambia por completo la experiencia; otras permiten respirar y apartarte. Si puedes elegir entre dos tumbas parecidas, quédate con la que probablemente esté menos saturada ese día. En el Valle de los Reyes, la comodidad no es un capricho: influye directamente en cuánto asimilas.

En 2026, el comportamiento de las multitudes en el Valle de los Reyes sigue siendo bastante predecible. A primera hora de la mañana suele haber más calma, y a media mañana es cuando se intensifican los grupos organizados. Si llegas cerca de la apertura, es probable que disfrutes al menos de una tumba con buena visibilidad antes de que los pasillos se vuelvan una fila lenta.
El calor cuenta incluso cuando la temperatura del aire parece soportable. Bajar a una tumba y volver a subir, repetido varias veces, acumula fatiga rápido. Lleva agua, usa calzado con buen agarre y considera la sombra como un recurso. El valle es abierto, así que unos minutos de descanso en un punto sombreado pueden marcar la diferencia entre una visita atenta y un simple checklist apresurado.
También conviene ser realista con el plan posterior. Tres tumbas más un suplemento puede ser una experiencia visualmente intensa. Si intentas encadenar varios lugares de la orilla oeste en la misma mañana, la atención cae y terminas “mirando sin ver”. Suele funcionar mejor dedicarle tiempo al Valle de los Reyes y dejar el resto del día más ligero.
Primero, decide tu ruta antes de ponerte a mirar entradas. Si sabes qué tumba quieres visitar en primer lugar, evitas el error típico de deambular, comparar colas y perder tu mejor franja de primera hora. Elige con seguridad una opción, entra, y ajusta después si hace falta.
Segundo, trata cualquier suplemento premium como la pieza central, no como “algo extra”. Si compras un suplemento, dale tiempo y atención, y después elige las entradas estándar restantes como complemento. Ese equilibrio crea una visita coherente: una experiencia destacada apoyada por dos o tres tumbas contrastadas.
Tercero, asume que la disponibilidad puede cambiar. En 2026, los trabajos de conservación y los turnos de apertura siguen influyendo en lo que está accesible, y es normal. Si una tumba que querías está cerrada, cambia a un tipo similar en lugar de perseguir el nombre. El valle premia la flexibilidad más que las listas rígidas, y las mejores visitas suelen ser las que se adaptan rápido.
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